Las Emociones

Antes de nada, pido disculpas por mi ausencia. Este blog se creó con la idea de publicar activamente, al menos una vez a la semana. Sin embargo, tampoco quería ser esclava de ello. Y hay que ser sinceros, a veces hay otras prioridades. Primero fue una gripe horrorosa que me tuvo en cama, luego el coste que supone volver a pillar la rutina, y por último un poco de estrés laboral. Todo ello ha hecho, que hasta ahora no me haya sentado a escribir en varias semanas.

Sin embargo, espero compensarlo con la entrada de hoy.

Llevo tiempo queriendo controlar mis emociones. Esto es así. De hecho, desde hace unos 3 años uno de mis propósitos de año nuevo siempre es: aprender a gestionar mis emociones, gestionar mejor mis emociones, seguir mejorando en el manejo de mis emociones…

Obviamente, algo he logrado. No estoy ni de lejos, parecido a como estaba hace unos años. Pero eso no significa que no me quede aún muuuuuucho camino por recorrer.

Tengo 30 años y soy una adulta para la sociedad: puedo votar, decido libremente acerca de mi salud, puedo abrirme cuentas en el banco y pedir préstamos. Puedo comprarme una casa y un coche. Incluso podría casarme. Pero no nos engañemos, soy una niña emocionalmente. La realidad es que no he madurado como debía. O mejor dicho como hubiese necesitado.

Nací en 1988, no es una época tan lejana pero si lo suficiente como para que aún no se hablara tanto de la inteligencia emocional, o de la eduación en valores. Es por ello que mis padres no supieron darme ciertas herramientas y enseñanzas que yo personalmente hubiera necesitado para aprender a gestionar mis emociones.

No es su culpa.

Ellos venían de un mundo donde habían pasado hambre y frío. Habían vivido en aldeas dónde el único ingreso que entraba al año para toda la familia era lo que se conseguía con la venta de un par de vacas. Las opciones de formarse y estudiar eran escasas y lo principal era tener algo de ropa que vestir y no pasar ni hambre ni frío. Para ellos, esas eran sus necesidades básicas y esas las cubrieron conmigo de forma excelsa. Trabajaron todo lo que pudieron y más para que nunca me faltara de comer, de vestir y que pudiera ir a la universidad, así como vivir experiencias viajando al extranjero que ellos nunca habían tenido.

Pero resultó que yo era una niña especial. Sí, todos somos únicos y especiales, pero en este caso yo era (y soy) una niña extremendamente sensible a la que la ausencia de dichas herramientas le afectó más de lo esperado.

Esto añadido a otros acontecimientos negativos que sucedieron en mi infancia-adolescencia-juventud hizo que yo tocara fondo. Pero un fondo, muy muy hondo.

Llevo años viendo psiquiatras y psicólogos, así que ni sé cuantas veces he oído eso de que todo radica en gestionar las emociones. En no luchar contra ellas. Este frase al principio me sonaba a chino mandarino, por mucho que mi primer psicólogo me la repetía en cada uno de las sesiones. Yo, tan emocional para unas cosas, y tan racional para otras, no entendía qué querían decir aquellas palabras.

Con el tiempo fui sintiendome mejor. Esto hizo que fuera leyendo libros de autoayuda, de psicología…También he leído acerca del mindulness, de PNL…y todas estas nuevas teorías y corrientes.

Se podría decir que todos los libros dicen en esencia lo mismo. Quiérete y valórate. Tú eres el amor de tu vida. El poder está dentro de ti. Acéptate como eres. Trabaja en cómo reaccionas a lo que te sucede en vez de ir en contra de lo que no puedes cambiar. Etcétera.

Estoy segura que aunque no hayas leído un libro de autoayuda en tu vida, estos mantras te tienen que sonar.

Sin embargo, llevaba un tiempo que leía y leía y era como que no avanzaba. Los libros no me decían nada nuevo a lo que me decían libros anteriores. Me lo decían más bonito, más dulce, más breve, en prosa, en verso, con cuentos, en post-its…pero el contenido de todos ellos era el mismo.

Hasta que de repente, mi mente hizo ¡click!. Entre tantos libros siempre había leído que tenías que buscar aquello que se te daba bien, no bien-normal, sino realmente bien, excelente. Y si hay algo que a mi se me da bien es: ESTUDIAR.

Y seamos sinceros, a la gente de mi generación nadie nos ha enseñado a estudiar las emociones. De hecho, no me considero ninguna inculta y me cuesta definir qué es una emoción y qué un sentimiento. Durante mucho tiempo no entendía esas listas en las que escribir 10 cosas por las que sentir gratitud (llegué a escribir a Charuca personalmente porque no sabía qué poner en ese hueco que había en cada hoja mensual de la agenda). Tampoco sabía qué responder cuando me decían qué valores regían mi persona. Incluso, no miento si digo que en mis últimos dos años de terapia, cada vez que me preguntaba mi psiquiatra o psicólogo cómo me sentía yo solo decía: ansiosa. Pero…¿de verdad siempre estaba ansiosa?. ¿No sería más correcto decir que estaba triste, o que sentía celos, o ira, o decepción…según el momento y la situación?

La realidad es que hay muchas emociones y sentimientos, pero debido a mi desconocimiento no tengo el vocabulario correcto. Difícilmente voy a aprender a gestionar algo que desconozco.

Asi que en pleno febrero he cambiado mi propósito de año nuevo: voy a estudiar las emociones. Como ya he dicho en el tema emocional soy una niña, pero tengo la suerte de que hoy en día hay múltiples cuentos para todo: para educar a los niños en valores, para tener autoestima…para saber al fin y al cabo qué es eso de las emociones.

Quizá os parezca una chorrada, y probablemente esto sólo me sirva a mi. Pero voy a leer cada libro que me encuentre a mi paso sobre emociones, sentimientos y valores. Necesito saber, conocer y dominar vocabulario que me ayude a expresar mis emociones. Necesito poder expresar qué siento, para luego ver cómo lo gestiono. Y voy a hacerlo cómo mejor sé. Estudiando.

Así que estos días me he cargado de libros, y me haré mis propios apuntes en una libreta súper cuqui y a full de colores sobre las emociones. Sé que como mejor interiorizo las cosas es escribiendo, así que hoy comienzo mi emocionario personal:

  • quiero saber qué emociones hay.
  • cómo se definen.
  • para qué sirven.
  • en qué formas se expresan o se sienten.

Y estoy segura que cuando sepa todo ello, ¡gestionarlas será pan comido!

PD.- En la foto son todos los que están, pero no están todos los que son.

 

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