Encuentro con tu Ex-Entrenadora

Ayer iba caminando por el supermercado cuando de repente una cara conocida se planta ante mi, y muy expresivamente me dice: ¡Hombre hola! ¡¿Qué tal todo?!

Yo estaba un poco flipada, no porque no la conociera sino porque no entendía semejante entuasiasmo. Pero por educación, la saludé (obviamente).

Os voy a poner en situación, durante el 2018 probé varias formas de mantenerme activa: salir a caminar, hacer deporte por mi cuenta, apuntarme al gym y tener una entrenadora personal. Pues bien, al mes y medio de tener entrenadora personal la dejé. Sinceramente tener una entrenadora personal requiere un buen desembolso económico y considero que es fundamental tener conexión con tu entrenador. En mi caso, yo contraté los servicios con un chico que gestionaba varios entrenadores y te ponía uno, más en función de horarios que de caracteres u objetivos. Esto ya no me gustó, y la suerte quiso que yo no empatizara con esta chica. No era mala, no tuvimos discusiones, pero es cierto que yo no me sentía todo lo cómoda que debía. Asi que, cuando acabé mi bono que tenía pago no volví.

Pues a lo que iba, el otro día en el supermercado se planta en medio de la tienda con su marido, la hija de su marido, mi novio y mi padre y empieza a hacerme un interrogatorio acerca de qué es de mi vida, qué cuando voy a volver etc…

Si os digo mi opinión, me pareció bochornoso que alguien mendigue de semejante forma que contrates su servicios. Porque si en algún momento tenía la más mínima opción de que volviera a entrenar con ella, ahora acababa de incinerar y enterrar cualquier futurible posibilidad.

Pero esto no fue lo peor de todo, lo peor fue que en medio del diálogo (para ser más fiel a la verdad debería decir que fue un monólogo de ella pero bueno, seremos condescendientes) soltó perlas como:

“Si, se ve que no has hecho nada en este tiempo.”

¿Hola? ¿Esta es tu forma “sútil” de llamarme gorda? Porque sí, en los últimos meses he subido de peso, y mi tanto por ciento de masa grasa ha aumentado pero eso SOLO es problema MIO. No creo que tú seas nadie ni para juzgarme ni para opinar. Porque siendo leales a la verdad, no me conoces de NADA. Entrené unas horas contigo sí, pero nada más. Aunque la mejor perla la dejó a modo de despedida:

“¿Es verdad eh? Es que a ti cualquier mínima cosa que te saque de la rutina te afecta muchísimo. No se te puede apretar ni un pizquito.”

Sobra decir que en ese momento le hubiera como mínimo llamado ÍMBECIL a la cara, pero como alguien que hace semejantes juicios de forma gratuita no puede tener mucha masa cerebral en funcionamiento le puse una sonrisa y me despedí. Pero vamos, que la cara de perplejidad de mi padre (que nunca había visto a la tipa esta) era un poema.

Lo dicho, la gente a veces no deja de sorprenderte, y no siempre para bien.

Qué bien nos haría muchas veces recordar la frase:

“Antes de juzgar a una persona, camina tres lunas con sus mocasines.”

 

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